martes, 20 de octubre de 2009

Prostitución: Vidas quebradas

El oficio más viejo del mundo no es la prostitución, sino el explotador.(José Miguel Vila).

En casi doscientas páginas el periodista y escritor José Miguel Vila, acompaña de la mano al lector/a que acepta sumergirse con él en la vida de algunas mujeres, que viven o han vivido la prostitución bajo las sábanas prestadas…


Putas, lo que se dice putas, las ha habido siempre, eso si unas mejor vistas y consideradas que otras: unas venden su cuerpo por dinero, otras venden lo que se compre: unas veces por pasta y otras por posición social, y muchas por las dos.

Y luego están los chulos, los proxenetas, aquellos que humillan, explotan, maltratan, marginan, y ponen a la venta a mujeres, casi siempre engañadas, para complacer a los exigentes clientes, y una vez hecho el trabajo, con el dinero al chulo.

Con los clientes ocurre lo mismo: unos pagan en metálico para obtener sexo, y otros en favores para obtener lo mismo. Unos se ponen traje y corbata para irse de putas de lujo y no ser vistos; y otros se van a la calle montera a exponerse al vecindario. Unos y otros son explotadores, eso si, unos con “más clase que otros”.

Los consumidores de sexo, son ciudadanos de a pie, o de chofer, que se pasean del brazo con su señora esposa. Hombres respetables con profesiones respetables.

Curiosamente, la consideración e imagen de las prostitutas, ha ido cambiando a lo largo de la historia, en Grecia las prostitutas eran sagradas, en Roma, unos años más tarde, la condición social de la prostituta pasó, en no mucho tiempo, de la más alta consideración que había tenido en Grecia al más bajo rango, prostituta-esclava.

Como dice José Miguel Vila, en España, y en pleno siglo XXI estamos asistiendo a un claro auge de la prostitución y, al mismo tiempo, a una gran transformación en sus formas de ejercicio. Existe un gran aumento de mujeres de otras nacionalidades que ejercen la prostitución en nuestro país, cerca de un 80 a 90%. En algunos casos, han elegido la prostitución como forma de ganar más dinero y en menos tiempo, en otros se han visto inmersas en ese mundo de forma violenta, por mafias o proxenetas que encuentran en la prostitución un buen negocio.

Por muy increíble que pueda parecernos, la cifra de negocio del sector, no baja de los 18.000 millones de euros. Y es que hay miles de mujeres ejerciendo la prostitución en la calle, en polígonos industriales, en pisos, en carreteras, en burdeles, en condiciones de higiene nada saludables; y también están las chicas de compañía, y por supuesto las chicas de lujo, que a estas si parecen tener un sitio donde asearse y poner se monas para sus estupendos clientes.

Claro que luego, esos señores incuestionables, no se sienten explotadores, aunque su dinero vaya a parar al chulo de turno.

A los ojos de una sociedad crítica con la prostitución, el consumidor de sexo rechaza y desprecia a la prostituta que más tarde tendrá sobre su entrepierna.

Hablar, escuchar o leer a cerca de la prostitución, de sus explotadores, no es cómodo, pues aún en nuestros días resulta difícil desprenderse de la doble moral que acompaña a la sociedad desde hace siglos.

La prostitución es un hecho al que no se puede seguir dando la espalda. El autor de Vidas quebradas, plantea al lector/a la difícil respuesta a la legalización o no de la prostitución, quizá todos/as debamos reflexionar sobre este tema, aunque las decisiones sean finalmente políticas, el/la ciudadano/a, somos parte de esta sociedad, unos chulos, otros clientes, otras prostitutas, y la gran mayoría, ciudadanos de a pie que desean vivir en una sociedad plural, sin explotadores ni explotados.

Y suscribiendo un párrafo del libro “Vidas quebradas” digo: lo grave, lo paradójico, es que todo el mundo coincide en afirmar que las “malas de la película” no son ellas sino los chulos, los proxenetas, los empresarios del sexo, los clientes. Y, vaya por Dios, ninguno de ellos es hijo de puta.

Fdo.: Raquel Díaz Illescas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Me parece muy interesante dado que es un tema que plantea situaciones difíciles: personales y sociales. Y que llama a nuestra conciencia personal y social. Lobito T.