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jueves, 2 de junio de 2011

Un ejemplo de toma de decisiones: generando alternativas. (y II)

Ser consciente de que existen los problemas es el primer paso para solucionarlos.

Cambiar una realidad que no nos gusta conlleva decidir. Tomar decisiones no es fácil, máxime cuando los sentimientos están muy presentes. Hacer uso de la razón no siempre es fácil y en más ocasiones de las que serían deseables, las personas deciden desde el sentido común, que no siempre éste es acertado.

Tomamos decisiones todos los días, banales o no tanto, sin embargo a pesar de ser esto una práctica habitual en la vida de las personas, no siempre hacemos uso de un método que nos facilite este paso, pero todo es práctica o hábito y sobre todo aprendizaje de experiencias que hayamos percibido como exitosas.

Bien, una vez determinada cual es la situación problemática y analizada en profundidad, la persona de nuestro ejemplo debería seguir su proceso de toma de decisiones con:

1. Generar acciones alternativas: esta persona debería elaborar una lista con las diferentes opciones posibles que le lleven a la solución de su problema. Ejemplo:

a. Hablarlo con la pareja e Intentar solucionarlo por ellos mismos.
b. Hablar con la pareja y pedir ayuda a un profesional.
c. Separarse.
d. Seguir como están.
e. Otras.

2. Evaluar el posible resultado de las opciones propuestas: Esta persona deberá analizar cada una de las planteadas y ver qué obtendrá en cada una de ellas

3. Detallar los costes y beneficios de cada posible elección: en cada una de las cinco opciones propuestas deberá preguntarse ¿qué necesitaré “sacrificar”? ¿a qué tendré que ”renunciar”? ¿mi decisión supondrá costes económicos, sociales o quizá emocionales?” El mismo proceso deberá hacerlo con lo que GANARÁ con cada una de ellas
4. Definición del tiempo en que se va a llevar a cabo cada propuesta: corto, medio o largo plazo. Este punto será una parte fundamental en el proceso, pues si la opción elegida tiene unos costes muy altos en un periodo de tiempo también largo puede no ser la mejor opción, pues no conseguirá como ya hemos indicado, mantener la motivación, un aspecto crucial.

5. Evaluación de los resultados: una vez elegida la opción más adecuada y puesta en marcha, es importante evaluar si el problema se solucionó. Si los resultados han sido los esperados o no. Si no ha sido así, deberemos valorar si es una cuestión de otorgarle algo más de tiempo o considerar otras que anteriormente no hayamos contemplado, lo cual nos hará volver al comienzo del proceso.

Es verdad que en las cuestiones emocionales o sentimentales no siempre se puede volver a reconsiderar lo ya hecho, pero a veces sí. Y es que hay cuestiones suficientemente complicadas que llevan a las personas a reconsiderar lo que un día decidieron. El problema no está en reconsiderar la disyuntiva tomada, sino que todas las personas implicadas se encuentren en disposición de comenzar un nuevo proceso.

En la vida no existen seguridades absolutas y ninguna elección está exenta de riesgos. Cuando a las personas les cuesta decidir, subyace una falta de confianza que puede conducir a fallos erróneos. El riesgo hay que aceptarlo para poder decidir.

Es lícito y normal sentir incertidumbre cuando no sabemos qué sucederá después, sin embargo hay algo que no debemos olvidar cuando tengamos que tomar decisiones sobre nuestra vida: la mejor será aquella que nos permita ser un poco más felices.

Fdo.: Raquel Díaz Illescas.

jueves, 26 de mayo de 2011

Un ejemplo de toma de decisiones en nuestra vida (I)

"Toda mala decisión que tomo va seguida de otra mala" -Harry Truman-

Tomar buenas decisiones nos permite vivir mejor. Percibimos un mayor control sobre nuestra vida y esto contribuye a la autoconfianza, un aspecto relevante en la toma de decisiones.

Parte de la frustración que sienten las personas ante los problemas viene dada por la inseguridad percibida, por tomas de decisiones erróneas en un pasado y otras veces por pensar que sus decisiones no solo dependen de sí mismo. Tomar decisiones erróneas trae consigo en ocasiones, tomar otra mala decisión.

Si deseamos tomar decisiones acertadas es importante reducir los riesgos controlables. Y es que las decisiones importantes o trascendentes no solo se encuentran en el ámbito empresarial. Hay decisiones cruciales en nuestra vida personal que influirán en nuestro bienestar físico, psicológico y social; es por lo que no debemos tomarlas a la ligera y sin embargo, sí utilizar un método sencillo pero que nos ayude a tomar la mejor elección entre las posibles.

Para que algo que no nos gusta o nos hace daño cambie, es preciso decidir. Sabemos que tomar decisiones no es fácil, máxime cuando los sentimientos están muy presentes.

Vamos a ver un ejemplo de toma de decisiones que clarifique lo que hasta ahora hemos ido exponiendo:

Una persona casada desde hace más de diez años tiene dos hijos menores con su pareja. Ambos tienen trabajos cualificados. Poseen una vivienda con una hipoteca “vitalicia”. Desde hace unos años no siente satisfacción con su vida en pareja. La comunicación se limita a los niños y al acontecer del día a día. Sus relaciones sexuales son escasas, pobres y poco gratificantes. Las discusiones son frecuentes. No comparten actividades de ocio juntos. No se siente querida, deseada ni valorada por su pareja. Esta situación le está afectando en las diferentes áreas de su vida. Se siente desmotivada y piensa que debe tomar alguna decisión al respecto.

Aquí empezarían los primeros pasos del proceso de toma de decisiones:

1. Identificar la necesidad de tomar una decisión: esta persona ha detectado que hay un problema que está afectando a su relación de pareja y a ella misma. Hay muchos aspectos de su relación de pareja que no le gustan pues ha perdido las ganas de compartir un proyecto de vida. Es consciente de que es una decisión que no puede delegar en nadie. Sabe que debe “hacer algo”, aunque todavía no sabe qué.

2. Analizar la situación. Importante plantearse algunas cuestiones: ¿cuándo fue la última vez que se sintió bien con su pareja? ¿los momentos gratificantes en su vida en pareja han sido más que los negativos o menos que estos? ¿qué papel juegan los hijos en su decisión? El tener autonomía económica ¿facilita la decisión o no es relevante? ¿qué cosas le unen a su pareja además de los hijos y una hipoteca? ¿qué aspectos positivos ve en su pareja? A su entender ¿qué los ha llevado a esa situación? ¿hay algo que pueda hacer para que la convivencia sea más grata? ¿si su situación afectiva cambiase le gustaría seguir con su pareja?

Las respuestas a estas cuestiones facilitarán el proceso de decisión.

3. Escuchar a la otra parte: es importante ver la percepción que el otro miembro de la pareja tiene sobre la situación y los deseos o motivación que tiene hacia el cambio.

4. Determinar los elementos que son relevantes de los que no lo son: en la vida en pareja las pequeñas cosas a veces son evaluadas como relevantes cuando éstas pueden ser fácilmente modificadas. Es importante definir los aspectos verdaderamente relevantes para la vida en común.

5. Definir la prioridad para atender el problema: Es importante marcar unos plazos para la resolución de la situación problemática, que permitan ir reduciendo los daños emocionales y afectivos causados a la familia.

Una vez determinada cuál es la situación problemática y analizada en profundidad, la persona de nuestro ejemplo debería seguir su proceso de toma de decisiones con las posibles alternativas…

¿Cómo hacerlo?

 

Fdo.: Raquel Díaz Illescas.

jueves, 19 de mayo de 2011

Cómo tomar decisiones: alternativas y algo más. (II)

Vivir es decidir cada instante, es también equivocarse, al tiempo que disfrutamos de las buenas decisiones tomadas.

Es verdad que cuando tenemos que tomar decisiones más o menos importantes o trascendentes para el buen o mejor funcionamiento de un área de nuestra vida laboral o afectiva, no siempre nos encontramos con la mejor disposición, ánimo o motivación para elaborar un método que nos ayude a tomar la mejor decisión entre las posibles, y muchas veces nos bloqueamos y preferimos esperar. Sin embargo es importante manejar un método de toma de decisiones que nos facilite este proceso, pues esto contribuirá a que nos sintamos más reforzados y seguros para futuras acciones.

Entonces, siguiendo el esquema que hemos establecido, una vez determinada cual es la situación problemática y analizada en profundidad, para tomar decisiones es necesario:

• Generar acciones alternativas: es conveniente elaborar una lista con las posibles opciones que tenemos para solucionar nuestro problema.

• Evaluar el posible resultado: teniendo en cuenta la incertidumbre de cada decisión y el valor subjetivo que cada cual asigna a su problema, ya sea de manera consciente o automática. Esto permitirá obtener una idea de las consecuencias que tendría cada una de las opciones posibles y que podrá servir para elegir la conducta más idónea que nos llevará al afrontamiento y solución de nuestro problema.

• Detallar los costes y beneficios de nuestra decisión: por una parte qué necesitaremos “sacrificar”, a qué tendremos que ”renunciar”, qué precisamos “invertir”. O sea, todos aquellos costes económicos, sociales o emocionales que conllevará cada una de las opciones evaluadas. Así mismo qué GANAREMOS en cada una de las disyuntivas (amigos/as, estabilidad económica, emocional, proyección social, profesional, una sexualidad satisfactoria…) Debemos tener muy presente tanto los costes como los beneficios, pues es aconsejable que nuestras ganancias superen a los costes que debemos emplear, de lo contrario no podremos mantener algo tan necesario en cualquier proceso de toma de decisiones como es la motivación.

• Definir el tiempo en que se va a llevar a cabo cada elección que estamos valorando (corto, medio o largo plazo): Este punto será una parte fundamental en el proceso de toma de decisiones, pues si la solución elegida tiene unos costes muy altos en un periodo de tiempo también largo puede no ser la mejor posibilidad, pues no conseguiremos como ya hemos indicado, mantener la motivación.

• Evaluación de los resultados: una vez elegida la opción más adecuada y puesta en marcha nuestra decisión, es importante evaluar si el problema se solucionó. Si los resultados han sido los esperados o no. Si no ha sido así, deberemos valorar si es una cuestión de otorgarle algo más de tiempo o considerar otras elecciones posibles que anteriormente no hayamos contemplado, lo cual nos hará volver al comienzo del proceso.

Cierto es que las personas no siempre elaboran un método, plan o modelo de toma de decisiones para afrontar sus problemas, sino que más bien lo hacen de manera automática, incluso a veces sin ser conscientes de que están utilizando un método. Sin embargo es importante ser conscientes de la trascendencia que tienen nuestras decisiones en nuestra vida presente y futura, porque mirar al pasado solo debe servirnos para aprender de los errores cometidos y por supuesto de las experiencias exitosas.

Las experiencias gratificantes o de éxito en la toma de decisiones pasadas contribuirán a afrontar bien las futuras, así como a su valoración.

No es fácil tomar decisiones, pero es importante empezar a aprender a hacerlo, pues esta puede ser muy diferente a lo que experimentamos cuando no las tomamos.

Y, ¿cómo trasladamos esto a nuestra vida?


Fdo.: Raquel Díaz Illescas.