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lunes, 25 de mayo de 2020

Hoy vamos a ver la segunda fase del PLACEREADO.
 
En esta fase hay como novedad con respecto a la primera fase, que se incluyen los genitales.
 
Los objetivos de esta fase fundamentalmente serán:
 
1. Recordar todo lo aprendido con respecto a la primera fase relativo a: planificar un día, hora, y un espacio adecuado para realizar este ejercicio.
 
2. Seguir potenciando las caricias en todas las zonas del cuerpo.
 
3. Integrar los genitales y acariciarlos igual que cualquier otra zona del cuerpo
 
4. Expresar deseos y preferencias de lo que te gusta O no.
 
5. Hablar con la pareja de sentimientos, emociones y sensaciones con respecto a lo vivido.
 
Pasos a seguir para realizar el ejercicio:
 
Se llevarán a cabo los mismos pasos que en la primera fase. Simplemente en esta segunda fase se incluirán los genitales.
 
 
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lunes, 9 de enero de 2012

“Las chicas buenas esperan a que les hagan, las malas dicen dónde y cómo les gusta”. (I)

Las mujeres hemos sido educadas en la “prudencia y la resignación” para ser sacrificadas, generosas, sensibles y al servicio de los hijos, padres y por supuesto del esposo. De las mujeres se esperan buenas formas y maneras de ser y de estar; sabemos que debemos ser educadas y cuidadosas con el lenguaje, con nuestros gestos, con nuestra forma de vestir; debemos sobre todo guardar las apariencias porque ante todo somos “señoras”... Y es que aún en nuestros días, de nosotras las mujeres se esperan actitudes y comportamientos diferentes a los que se aguardan en el género masculino.



Y es que unos y otras hemos sido educados con normas y principios bien diferenciados en lo referente a la sexualidad. Nosotras seremos muy putas o muy calientes si hacemos gala en sociedad de inclinarnos hacia los placeres de la carne. Ellos sin embargo, ante los mismos gustos, gozarán del aplauso de los presentes. En “compensación” a tales diferencias, a las mujeres se nos exime de la responsabilidad de nuestro placer, pues será el ardiente caballero con su magnífico, erecto y resistente falo el encargado de explorar y descubrir dónde residen los secretos de nuestro goce, y con sus buenas artes de amante a tiempo completo, será él el responsable de subirnos a los cielos para más tarde adentrarnos en los infiernos.


Muchas mujeres han seguido fielmente lo que se esperaba de ellas, silenciando sus deseos, sueños e intereses para no defraudar, desentonar, siendo “buenas chicas”, esperando al amante que todo lo sabe, dejándose hacer y si es preciso fingiendo algún que otro orgasmo, unas veces para poner fin a ese encuentro y otras para que su compañero sexual se sintiera “un buen machote”, y todo esto creyendo que así se evita estar en los labios de la amoralidad...


Y así, la sexualidad va perdiendo valor, haciendo frías las sabanas, y los sentimientos de culpa van tomando cobijo en la gran rueda de los pensamientos, y así también el deseo se va ausentando en silencio como la comunicación con la pareja.


Otras mujeres, a pesar de la educación recibida y de la imagen de “frescas” que podamos llegar a transmitir a algunas conciencias recalcitrantes, hemos optado por responsabilizarnos de nuestro placer, escuchar nuestro cuerpo, permitirnos momentos de satisfacción, valorarnos por nuestra personalidad, inteligencia, capacidad personal y no por "el tesoro” del que nos hablaban nuestras madres y abuelas. Hemos optado por poner voz a lo que sentimos y pensamos de la sexualidad, a lo que deseamos y queremos en nuestros encuentros con la persona que amamos o que simplemente nos pone, aun a sabiendas de dejar nuestro nombre en las lenguas de la ignorancia.


Nos masturbamos, somos activas en los encuentros amorosos, elegimos libremente tener o no sexo, con o sin amor. De la sexualidad hemos hecho un valor en nuestra vida.


Y para dejar de ser una buena chica ¿qué se os ocurre que podemos hacer?


Fdo.: Raquel Díaz Illescas.