martes, 24 de mayo de 2016

De-construyendo el control



Controlamos los minutos, los segundos y las horas que  debemos estar o no estar aquí o allá, para hacer esto o aquello.

Controlamos los tiempos de café, los whasap, las llamadas y las redes sociales también.

Controlamos las ausencias y la presencia también.

Controlamos los silencios, los nuestros y los ajenos.

Controlamos las palabras, los gestos y hasta los suspiros para que no se ofendan, no nos dejen de querer, no nos abandonen o nos etiqueten.

Controlamos nuestras emociones, nuestras miradas y la forma de respirar de nuestro cuerpo para no sentirnos vulnerables, accesibles o simplemente dejar de ser profesionales.

Controlamos los verbos y los adverbios, y las preposiciones y conjunciones también, las controlamos porque sí. Sin saber por qué, sin querer.

Controlamos los besos, las caricias y los abrazos viajeros, esos que nos transportan donde habitan nuestros miedos, esos que abren la puerta a los deseos, esos que nos dicen abandónate, esos que nos gritan “tienes derecho”.

Controlamos el placer y los orgasmos también, para no abandonarnos, para no sentir.

Controlamos los me gustas, los “te necesito”, los te quiero… Los controlamos sin saber por qué y sabiéndolo también.

Y no dejamos de ponerle control a todo lo que nos hace salirnos de la norma, sentirnos culpables, juzgados, criticados, vulnerables, infieles… Y nos olvidamos de quien somos, lo que queremos, lo que nos gusta y necesitamos. Nos olvidamos de vivir un presente para evitar un futuro, que solo es eso, futuro.


Fdo.: Raquel Díaz Illescas

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