martes, 16 de junio de 2009

Viajar...

deseamos y esperamos con impaciencia, aquellos días del calendario que marcamos de color rojo, y que nos permiten hacer una pequeña maleta y escapar...

Las ganas de salir de la monotonía, de desconectar, de ver y hablar con otras gentes, de oler y pasear por otras calles, otros mares; la necesidad de liberación, de reencontrarse con uno mismo, de no pensar, ni esperar nada, de recuperar el amor perdido, es lo que lleva a hombres y mujeres a viajar...


Viajar es dejar en el armario los trajes grises, las corbatas de reuniones, los zapatos que aprietan...

Viajar es dejar en la mesita de noche la compostura, las palabras correctas, las normas sociales, los prejuicios...

Viajar es llevar en el equipaje, aquella indumentaria que nos hace reencontrarnos con nosotros
pantalones muy anchos, muy cortos, o rotos; camisas desabotonadas, sombrero...

Viajar es dejar el cuerpo en libertad, sin ataduras, sin roces, sin miradas coercitivas.
Viajar es no ponerle frenos ni límites a la voluntad, al deseo...

Viajar es gozar de las caricias sin tiempos, es hacer públicos los besos, es no establecer los momentos para la sexualidad.
Viajar es también una necesidad de abandonar la soledad, de comunicarse, de encontrar, de encontrarnos.

Viajar forma parte de la fantasía de los que dibujan rostros de mujeres, de hombres; de los que buscan el equilibrio en otra piel, en otros labios.

Viajar es también soñar con el pensamiento, con la fantasía, es hacer equipajes ligeros, es crear lugares sin fronteras, es romper esquemas.

En cada viaje, algo de
nosotros se pierde o se recupera que nos hace querer ser diferentes, desear vivir de otra manera. Algunos miedos se desvanecen y otras cuantas ilusiones se renuevan.

Viajar es una oportunidad para el cambio, para la reflexión, para el darnos cuenta, para querer volver o para hacerlo desde otro yo.

Después de un viaje, necesitamos un tiempo para situarnos, para volver a ubicarnos, para calmar la ansiedad que produce lo nuevo. Después de un viaje, sabemos que se puede vivir y ser de otra manera, y ser feliz.

Fdo.: Raquel Díaz Illescas

1 comentario:

José Tomás dijo...

Quizá lo más divertido del viajar es darle fin, aunque sea por un tiempo limitado, a nuestra rutina diaria. Lobito Tomás